domingo, 14 de agosto de 2016

Más allá de la duda (1956)


Dirigida por Fritz Lang, “Más allá de la duda” es la última película que el director de origen austriaco realizó en Estados Unidos antes de regresar a Alemania. 

Tom Garrett (Dana Andrews) planea con la ayuda de su futuro suegro (Sidney Blackmer), ser incriminado en el asesinato de una bailarina con el fin de demostrar la ineficacia de una justicia que es capaz de condenar a la silla eléctrica a un sospechoso con pruebas únicamente circunstanciales. Para ello colocan pruebas falsas en el escenario del crimen. El plan empieza a complicarse y necesitará la ayuda de su prometida, Susan Spencer (Joan Fontaine), para  convencer al fiscal (Philip Bourneuf) de su inocencia. 

En “Más allá de la duda”, Lang arremete contra el sistema judicial y defiende la presunción de inocencia. Hay que recordar que durante los años 50 un clima de opresión se cernía sobre la industria cinematográfica americana. El Comité de Actividades Antiamericanas llevó a cabo la persecución de actores, directores, guionistas,… acusándolos de comunismo (casi siempre sin prueba alguna). Esta fue una de las razones que hicieron que el director volviera a Alemania. 
El protagonista toma el papel de “falso culpable” perseguido por la justicia tan característico de Hitchcock (aunque en este caso es él mismo quién se mete voluntariamente en la boca del lobo). Los acontecimientos transcurren según lo previsto hasta que nos encontramos con un giro del destino del protagonista tan necesario como predecible. A partir de aquí tienen lugar una serie de sucesivas “vueltas de tuerca” con el fin de mantener al espectador confuso y expectante sobre el sino de Tom Garrett pero que resultan poco creíbles y precipitadas. Además el guión hace aguas en ciertos momentos (todo esto lo desarrollo en el apartado SPOILER). 
El peso de la película recae en Dana Andrews, mientras que Joan Fontaine tiene un rol bastante secundario, aunque gana protagonismo hacia el final de la cinta y su personaje resulta decisivo en la resolución del caso. En general las actuaciones son muy correctas. 
Para concluir, un suspense que pasa bastante desapercibido en la filmografía de Fritz Lang principalmente por sus carencias y errores argumentales. 

Mi valoración

*************** SPOILER ****************

Como ya he dicho, la primera vuelta de tuerca es totalmente necesaria para crear el suspense que requiere la película. Sin embargo, con su ejecución no estoy tan de acuerdo. La escena del atropello no está tan bien ejecutada como cabria esperar de un genio con Fritz Lang. La aparición de un nuevo sospechoso, el descubrimiento de la muerte de este y la aparición de la carta que absuelve al escritor son un vano intento de confundir al espectador ocurriendo encima en un lapso de tiempo brevísimo. 

La investigación del caso resulta además poco creíble. Por ejemplo, Garrett mancha uno de los asientos de su coche con maquillaje como prueba inculpatoria y limpia sus huellas del mismo. Esto no tiene ningún sentido porque alguien tan cuidadoso como para limpiar las huellas limpiaría también el asiento, algo de lo que no se percata ni policía ni el fiscal. 

Para concluir, el error más grave en mi opinión ocurre en el desenlace. Susan descubre que Tom es el asesino porque a este se le escapa el verdadero nombre de la víctima. Resulta totalmente descabellado pensar que una persona tan fría y calculadora como nos quieren pintar al protagonista sea capaz de cometer un error tan tonto.

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